Este nuevo estudio también señala que la idea que la leche inicial se debe bombear y desechar como medio para la reducción de la exposición infantil a los agentes contaminadores orgánicos persistentes, y que se pueden acumular en los depósitos grasos de la madre movilizándose en la lactancia es errónea. La cantidad de estos tóxicos no disminuye en la leche a medida que se va produciendo.
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